Hoy se entregó el Premio Cervantes a Rafael Sánchez Ferlosio. Ambos tenemos unas cositas en común. Somos vagos y detestamos afeitarnos, peinarnos y cortarnos las uñas. Hoy no fue fiel a si mismo. Vi el cóctel y escuché a Zapatero sus comentarios. Observé a la compañía completa y me preguntaba lo costoso que era determinar quien era el individuo/a mas tonto. El temblor me venia después cuando identificaba a la tropa como el Consejo de Ministros que gobierna a un colectivo de más de 40 millones de ciudadanos, España. El líder de nuestros rasgos patrios decía esloganes sin parar y se los reía Carmen Calvo, una mujer ministra de diseño caro.

El hombre establece en su inicio de vida, acaso casualmente, cual será el nivel de sus exigencias y la altura desde la que observará al mundo y sus habitantes. Debe decidir en qué rellano del escalafon se moverá, donde estará bien; saberlo es un don milagroso. El calculo de su capacidad para subir o bajar escalones será determinante. El cambio será casi imposible en el futuro.
A veces, un oficinista gris representa un éxito milagroso para ciertos dictámenes que desestimaban su vida. En otras ocasiones, un astrofísico de la NASA descubre que el rostro que ha perseguido toda su vida se encontraba en el huerto de su madre y es tarde. La mayoría de los ciudadanos se conducen por sus días caminando azarosamente como en una cinta mecánica de aeropuerto, arrastrando bultos inútiles. Yo no se ya nada de escalones y me desplazo con pasos cansinos por una planicie polvorienta. Ya ni sueño con elevar mis piernas del suelo. Esa perspectiva es maravillosa, si tu estómago está lleno, porque evitas caídas. Solo muy tarde alcanzas ciertas certezas. Son pocas pero su profundidad es terrible.
Puede que nuestra vida solo tenga sentido gracias a momentos que desestimamos. Puede que los escalones solo sean el decorado de esa misión. Y ese gran destino será un mero transitar de inesperadas glorias anodinas. El tropezón entre peldaños será visto por alguien y esa observación resucitará atisbos de salvación en futuros indeterminados, en vidas puede que aún no gestadas. Y aquel error de cálculo que nos ubicó en una altura impropia, mas alta o mas baja, tendrá una razón en ese dia de orfandad de significado, en ese dia en que la cerveza será nuestro amor genuino y, balbuciente, añores tu misión, esa función única que te demuestre que el gran Dios, en su gloria, y aún viendote beodo como un pobre cabrón, siempre te amó.
A veces, un oficinista gris representa un éxito milagroso para ciertos dictámenes que desestimaban su vida. En otras ocasiones, un astrofísico de la NASA descubre que el rostro que ha perseguido toda su vida se encontraba en el huerto de su madre y es tarde. La mayoría de los ciudadanos se conducen por sus días caminando azarosamente como en una cinta mecánica de aeropuerto, arrastrando bultos inútiles. Yo no se ya nada de escalones y me desplazo con pasos cansinos por una planicie polvorienta. Ya ni sueño con elevar mis piernas del suelo. Esa perspectiva es maravillosa, si tu estómago está lleno, porque evitas caídas. Solo muy tarde alcanzas ciertas certezas. Son pocas pero su profundidad es terrible.
Puede que nuestra vida solo tenga sentido gracias a momentos que desestimamos. Puede que los escalones solo sean el decorado de esa misión. Y ese gran destino será un mero transitar de inesperadas glorias anodinas. El tropezón entre peldaños será visto por alguien y esa observación resucitará atisbos de salvación en futuros indeterminados, en vidas puede que aún no gestadas. Y aquel error de cálculo que nos ubicó en una altura impropia, mas alta o mas baja, tendrá una razón en ese dia de orfandad de significado, en ese dia en que la cerveza será nuestro amor genuino y, balbuciente, añores tu misión, esa función única que te demuestre que el gran Dios, en su gloria, y aún viendote beodo como un pobre cabrón, siempre te amó.















































