viernes, noviembre 16, 2007

Dios existe

We’ve seen them get off a plane. We’ve seen them get a Hollywood star. Now, we get to see them in their most useful and awesome form: wearing lingerie. Scope out the 50 billion pics below of the 12th Annual Victoria’s Secret Fashion Show held at the Kodak Theater in Hollywood last night. The show won’t be aired until December 4th, so consider this an early Christmas gift. I’m kind of like Santa Claus, if he was the end result of Superman knocking up Jessica Biel after a night of binge drinking and gambling. I really should write holiday specials for children. Enough pretty pictures to swaddle the Baby Jesus twice after the jump.
El desfile más sexy del año

jueves, noviembre 15, 2007

Gilles Lipovetsky por Lourdes Ventura

Acaba de publicar 'La felicidad paradójica. Ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo'. El pensador francés reinterpreta las contradicciones de las sociedades del bienestar y examina las actitudes de lo que él denomina 'turboconsumidores', que, según explica, están regidos por el vacío y se debaten entre la euforia y la depresión. En su último libro publicado en España, La felicidad paradójica. Ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo (Anagrama), el filósofo francés Gilles Lipovetsky da otra vuelta de tuerca al análisis del consumo de masas y reinterpreta las múltiples mutaciones y contradicciones de las «sociedades del bienestar», en cuyo centro hiperactivo y acelerado se debaten, entre la depresión y la euforia, los nuevos turboconsumidores.
Cuando, en 1983, la editorial Gallimard publicó La era del vacío, de Gilles Lipovetsky, la obra, pese a algunas disidencias, supuso una irradiación internacional inmediata en el ámbito de la filosofía social. Traducida a una treintena de lenguas, sigue siendo el libro de culto sobre la posmodernidad.
El discípulo y amigo de Jean-François Lyotard, compañero del grupo filosófico Socialismo o Barbarie, se propuso, en palabras de Pierre-Henri Tavoillot, realizar «una arqueología minuciosa» de los fenómenos posmodernos. «Ya ninguna ideología política es capaz de entusiasmar realmente a las masas; la sociedad posmoderna no tiene ni ídolo ni tabúes, ni siquiera una imagen gloriosa de sí misma, tampoco un proyecto histórico movilizador. Estamos ya regidos por el vacío absoluto, un vacío que no comporta, sin embargo, ni tragedia ni apocalipsis», proclamaba el filósofo.
Para algunos pensadores europeos, Lipovetsky es el heredero de Tocqueville y Foucault. El se sitúa menos en una tradición filosófica estricta y más involucrado en reinterpretar la «historia del presente» o en plantear una «filosofía social de la contemporaneidad». Sus obras no han dejado de auscultar pormenorizadamente las múltiples facetas del sujeto moderno: las modas, en El imperio de lo efímero; las metamorfosis de la sociedad posmoralista, en El crepúsculo del deber; la evolución de la condición femenina, en La tercera mujer, con el varapalo de muchas feministas.
En Los tiempos hipermodernos, Lipovetsky dictaminó el agotamiento del término posmoderno y anunció la «era hipermoderna», diagnóstico de estos años febriles nuestros de hipercapitalismo, hipermercados, hiperterrorismo, hipertextualidad, hipersubjetivismo, hiperconsumo, hiperpotencias: la modernidad elevada, para bien y para mal, a grados superlativos. En este contexto de sociedades hipertrofiadas, Lipovetsky traza un retrato complejo del homo consumericus. Y, tras las pantallas rutilantes del mundo del bienestar, el pensador francés esboza la imagen de la «felicidad herida».
Pregunta.- Su colega Pascal Bruckner, en un artículo en Le Nouvel Observateur, valora el hecho de que su última obra plantee una dimensión sombría con respecto a lo que usted llama el turboconsumo de las sociedades de la opulencia. ¿Ha dejado de ver con optimismo las mutaciones sociales de la era consumista?
Respuesta.- En realidad, me han atribuido un optimismo que no es tal. En todo caso, me he negado a hacer valoraciones apocalípticas de las sociedades modernas. Cuando yo publiqué La era del vacío allá por los años 80, en los países democráticos se estaba produciendo un proceso de liberación de los individuos frente a las coerciones colectivas. Todos estos cambios se manifestaron en las conquistas feministas, en la liberación sexual, en la ductilidad de las costumbres, en el desencanto ideológico, en la instauración sin culpabilidad de un hedonismo generalizado. Y, por supuesto, vimos alzarse todo un universo en el que la seducción y el consumo constituían el centro de la gestión social. Mis análisis trataban de mostrar las luces y sombras de esos fenómenos de enorme complejidad sin caer en la demonización.
P.- En cualquier caso, en Los tiempos hipermodernos y en este ensayo sobre el hiperconsumo, se ha producido una inflexión, digamos más dramática, en sus interpretaciones. ¿Qué ha sucedido desde los lúdicos años 80 hasta llegar a lo que usted ha llamado la sociedad de la decepción?
R.- El contexto ha cambiado por completo, y también ha cambiado nuestro estado emocional. El turbocapitalismo y la rentabilidad inmediata han tenido efectos negativos, incidiendo en la incertidumbre laboral y en la inseguridad ante las prestaciones de jubilación. Los jóvenes se preocupan por el futuro y salen a las calles para exigir empleos fijos, lejos del carpe diem de los años 80. En España, tuvo lugar la Movida; en general, en Europa, en ese remanso económico, hubo una generación que yo identifiqué con la figura de Narciso. Se vivía en la seducción del presente, olvidando el sentido histórico. Ese espíritu no ha desaparecido del todo, pero está mezclado con sentimientos de inseguridad, provocados por el terrorismo, la precariedad económica, las catástrofes, las preocupaciones sanitarias, la angustia de no alcanzar determinadas metas.
P.- Y, sin embargo, los deseos de evasión, las grandes fiestas colectivas, la democratización de la moda y los viajes, la inflación de lugares de ocio prueban que la búsqueda del placer, aunque sea efímero, sigue siendo una constante. ¿La frustración que nos embarga al mismo tiempo es la marca definitiva de una sociedad desencantada?
R.- Vivimos simultáneamente esa paradoja. En la sociedad de la distracción, cohabitan las dificultades para manejarnos en la vida con el bienestar que conlleva la democratización de elementos generadores de placer, antes sólo asequibles para unos pocos. Pero el entusiasmo liberador de los 80 ahora se da por sentado, el hedonismo ya no se vive como una utopía a conseguir y la euforia ha dado paso a la ansiedad. Nos preocupa ante todo la salud, lo que vendría a limitar algunos excesos del pasado. Por otro lado, las estadísticas demuestran que la sexualidad (pese a la proliferación de pantallas-porno) es bastante menos satisfactoria de lo que habíamos imaginado hace dos décadas.
P.- ¿Aparece entonces el consumo salvaje como un sucedáneo de las ideologías salvadoras o las religiones?
R.- Sin ninguna duda. Antiguamente, en momentos de crisis, muchas personas se refugiaban en la iglesia, y ahora lo hacen en los centros comerciales. Para luchar contra la angustia, las sociedades tradicionales contaban con la consolación religiosa. La hipermodernidad promete un paraíso con bienes de todo tipo: se nos invita a viajar, a beber buenos vinos, a comprar objetos tecnológicos, a consumir cultura, a participar en las macrofiestas, para así paliar la desmoralización. De ese modo, los momentos de placer renovados se alternan con la depresión.
P.- En varias de sus obras, contradice a ciertos sociólogos, que ven en el consumismo un intento de distinción social. Usted sostiene que el consumo hoy es emocional, y, en esa medida, también decepcionante pasado el instante de éxtasis. ¿Cómo explica entonces el fenómeno imparable de la adhesión a las marcas, sobre todo entre los jóvenes?
R.- Yo no niego del todo las tesis de Veblen sobre los gastos suntuarios como elementos de diferenciación social. Esa inclinación seguirá existiendo, no tengo ninguna duda al respecto. Pero la fase actual se distingue por una vivencia interiorizada del consumo, más que por un exhibicionismo ostentoso de los bienes. Para los jóvenes, la marca no es tanto un signo de posición social, como un movimiento mimético que les hace identificarse con su grupo. La paradoja es que, en la locura de las marcas comerciales, los jóvenes construyen su propia individualidad a partir de igualarse a grandes masas consumidoras.

martes, noviembre 13, 2007

Las tetas de Winona

Winona Ryder de triste perfil. Winona Ryder Has a Sex Scene [IDon'tLikeYouInThatWay]. La pelicula es Sex and Death 101.

lunes, noviembre 12, 2007

Ayanta Barilli es hija de Dragó!!!!

Hija roja de Dragó, que trabaja para Losantos (!!!!!!!!), nacida en Italia, en Roma, y pluriresidente en sitios tan dispares como Kenia y Marruecos. Roma le brindó su primer papel como actriz, pero eso no cuajó en carrera hasta que se afincó en Madrid. Tiene su casa en el castizo barrio de Malasaña, en la que vive con Tommaso, el economista cuatro años mayor que ella, padre de su hijo Mario.
En España, comenzó en los noventa, presentando en televisión el programa Buenos días. Luego, vinieron Lo más natural, de Josefina Molina; Don Juan en los infiernos, de Gonzalo Suárez (sale en bolas); Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo, de Gómez Pereira; su experiencia como asesora en la producción mexicana Como agua para chocolate, de Arau; la serie Vecino, de Antena 3, Amo tu cama rica y Los peores años de nuestra vida, ambas de Emilio Martínez Lázaro. En Por fin solos, junto a Alfredo Landa, logró hacerse popular. Tiene increíble parecido físico con Virginia Mataix -cuando lleva pelo largo- y Ana Belén -cuando lo lleva corto, como ahora.
Lleva el apellido Barilli como homenaje a su madre, muerta cuando tenía nueve años. Losantos (como hacen en la SER) la deja libre en la COPE para desparramar cuando hace sus crónicas feministas y libertarias con "Mujeres de la Historia", en las que valora su función revolucionaria en la Segunda República o dando caña a Pilar Primo de Rivera. Tambien lee los textos repipis en "Un año de amor". Hace critica teatral, doblaje (las Trece Rosas), y hace poco dirigió el casting de la bobada de Gonzalo Suarez «Oviedo Express».

domingo, noviembre 11, 2007

Y Mailer gritó: Viva el Rey, viva España!


Seguramente muchas empresas españolas han robado en América. Con la connivencia de los lugareños. También muchas han permanecido en momentos de ruina total. Aznar ha intentado intervenir en su política. ¿Ha sido malo para el pais en cuestión?
Viendo a Chavez, el gorila rojo, creo que Aznar no es un fascista (que patética palabra vacia de todo), sino un beato incompetente en lo referente a esa materia, que no en otras. No tenía que haber cesado en sus maniobras contra semejante mongolo. Pobre Venezuela. Con semejantes lideres, ¿a donde va el sud-continente?
Aqui tenemos a Enric Sopena o Llamazares, equivalentes a esos pelanas ágrafos y timadores, pero no gobiernan ni en su casa. Ayer vi  Lions for Lambs y me dio que pensar. Me vi reflejado en el alumno cínico e incrédulo (que cómodo soy) que no acude a clase y Redford trata de rescatar de la inanidad. Es obvio que debemos cuestionar la sociedad en la que mamamos. Pero de una forma realmente transcendente. Presentar alternativas adultas. Creibles. No quemar banderitas y gritar por la calle. Todo muere desde dentro.
Vídeo El incidente completo  El Rey deja el pleno  Fotos


Norman abandonó esta dimensión terrena en plena polémica patria (de las que tanto gustaba) y España obvia el adiós de un titán gruñón, machista y pendenciero.

El gran morrazo. Lucio Urtubia Jiménez


Este es el típico artículo lleno de morraco del diario EL PAIS. TIENE FRASES MEMORABLES. Ese tipo de pildoras de educación para la ciudadanía que nos suministra la institución desde hace 40 años en su proceso de reeducación para recibir el carnet de ciudadano aceptable. Primero nos ablanda con una descripción a lo Frank Capra. Allí ya mete su cuñita malvada como un puñal faldero, que pongo en rojo. Es una clase de vandalismo intelectuyal de primera clase. Un guión con tramas de colores que distribuye sistematicamente. Pura quina en imprenta. La frase subversiva/propagandista/subliminal que se cuela de rondón (en rojo), la politicamente correcta (en yellow) y el rebozo literario.
Artrítico y diabético, Lucio Urtubia Jiménez conserva, a sus 76 años, el espíritu rebelde, anarquista y revolucionario de su juventud. Albañil de profesión, contrabandista, atracador y secuestrador en defensa de sus ideales, llegó a poner de rodillas al First National City Bank norteamericano al inundar el mercado con miles de cheques de viaje falsificados en las postrimerías del franquismo. Le han llamado el buen ladrón, el último Robin Hood, el irreductible. Lucio ha bautizado su vivienda como Espacio Louise Michel, en honor a la luchadora de la Comuna de París, cuyo retrato adorna la estancia principal.
Durante décadas fue un referente de la lucha contra la dictadura. Su casa de París era (y sigue siendo) un refugio no sólo para libertarios, sino para gente de todo pelaje: etarras, montoneros, tupamaros, activistas de las Brigadas Rojas italianas o de Acción Directa? Su vida, cuajada de huidas, atracos ("expropiaciones" o "recuperaciones", según su terminología) y cárceles, ha sido llevada ahora al cine. Los directores guipuzcoanos José María Goenaga y Aitor Arregi son los autores del documental Lucio, realizado con apoyo económico del Ministerio de Cultura y del Gobierno vasco (además de EITB y TVE).
Ya desde niño, Urtubia dio muestras de sus futuros derroteros. "Yo soy de Cascante, en Navarra, y me dedicaba a azotar, con ramas de ortigas, las piernas de las niñas burguesas. Me detenían y, como mi madre era pobre y no podía pagar la multa de cinco pesetas, me metían a la cárcel", recuerda riendo a mandíbula batiente.
Nacido en 1931, el joven Lucio aprendió a jugar al ratón y al gato con la Guardia Civil desde muy temprano. Aprovechando que tenía un hermano camionero, empezó a contrabandear café, fruta y otras mercancías por la frontera franco-española. "Ahí aprendí que tú puedes ganar 99 veces, pero que, si pierdes una sola, ya te puedes dar por jodido. O sea, que el revolucionario no puede fallar nunca y que no te puedes dejar coger", afirma. Entonces robaba para sobrevivir. Y siguió haciéndolo en la mili. Los militares descubrieron el saqueo, y eso forzó al soldado a escapar a Francia en 1954. La otra opción era acabar fusilado.
Sin oficio ni beneficio, casi sin saber leer, Lucio trabajó en París de alicatador, un oficio que ha mantenido hasta jubilarse a los 73 años. "El trabajo es lo mejor y lo más revolucionario", sostiene. Y repite una frase que ha convertido en su lema: "Si el paro y la marginación crearan revolucionarios, los Gobiernos acabarían con el paro y la marginación".
Sus compañeros le preguntaron un día: "¿Tú qué eres". Y él contestó: "Yo soy comunista". Y ellos replicaron: "¿Tú comunista? ¿Qué coño vas a ser comunista? ¡Tú eres anarquista!". Fue la primera vez que escuchó esa palabra, que desde entonces ha sido casi como su apellido, de tan pegada que ha vivido a ella.
Comenzó a relacionarse con las Juventudes Libertarias de la Fédération Anarchiste, en principio para aprender el francés, pero más tarde por convicción y porque allí pudo relacionarse con intelectuales de la talla de André Breton y Albert Camus (JUAJUAJUAJUA). "Al poco de vivir en París, el anarquista Germinal García me pidió que escondiera a tres revolucionarios españoles. Uno de ellos resultó ser el mítico Quico Sabaté. ¡Cuando me enteré de quién era! Porque entonces El Quico ya era conocidísimo entre nosotros. En la España franquista era el enemigo público número uno del régimen, pero para mí era dios", recuerda Lucio, pugnando con las lágrimas.
El encuentro con el célebre maqui que después sería asesinado en Sant Celoni en 1960, le marcó de por vida. El audaz guerrillero le facilitó a Lucio contactos con libertarios exiliados en Toulouse, Perpignan y París y con miembros de la CNT española en Barcelona, Zaragoza, Madrid y Pamplona.
Deslumbrado por su héroe Sabaté, empezó a emularlo realizando incursiones en territorio español. Posteriormente pegó una serie de robos y atracos por Europa armado con la metralleta Thompson que Sabaté le dejó como legado.
"En aquella época, las expropiaciones eran muy fáciles. Íbamos a cara descubierta. Los bancos no tenían cámaras de grabación, ni puertas blindadas, ni guardas de seguridad. Llegabas y los empleados se cagaban de miedo. Te daban todo en cuando veían las armas. Pero a mí me gustaban poco. Tenía miedo de hacerle daño a los trabajadores, que no eran más que unos asalariados de los verdaderos ladrones que son los banqueros".
Su oficio de albañil le facilitaba una cobertura perfecta. Lucio Urtubia se levantaba antes del alba y se iba a la obra. Como un clavo. Después, al salir del tajo, se convertía en un revolucionario. Y así, con semejante tapadera, ¿quién podía pensar que detrás de ese hombre casi analfabeto, de manos ásperas y manchadas de yeso, había un ácrata? "Nadie. El trabajo ha sido mi salvación", contesta Lucio, ante una exposición fotográfica sobre la Guerra Civil montada en el caserón donde vive.
El viejo edificio está en la Rue des Cascades, en el barrio de Belleville. Es una zona cuajada de inmigrantes, escultores, viejos refugiados políticos, contestatarios, jóvenes antisistema. En las mismas calles en las que actuó el legendario bandolero Louis Dominique Bourguignon, Cartouche, famoso en el siglo XVIII por saquear a los ricos para ayudar a los pobres. Una especie de Robin Hood. "¿Ah, sí? Eso es lo que me han dicho a mí muchas veces: que yo he sido como Robin Hood. ¿Y quién es ese Robin Hood?", pregunta, cándido, el anarquista. Mantiene la mente lúcida, aunque los recuerdos se agolpan atropellada y desordenadamente en su cabeza. Camina con torpeza (la artrosis) y tiene que vigilar su nivel de azúcar en la sangre (la diabetes). Pero invita al acompañante a dar un paseo por su barrio, donde conoce a todo el mundo y todo el mundo le conoce a él. El barrio está cuajado de imprentas. Le fascinan. Están muy ligadas a su vida y a su gran golpe: la falsificación de 8.000 hojas de 25 cheques de viaje de 100 dólares. Unos 20 millones de dólares de la época (los años ochenta).
Ya antes había comenzado su actividad de falsificador, de manera que no había exiliado que no tuviera documentos facilitados por él. "Yo no sé nada de imprenta. Mi mérito es que logré que trabajadores que sí sabían de eso hicieran carnés de identidad, pasaportes y cualquier documento. Los hacían idénticos y con los colores perfectos. Siendo un pelagatos, convencí incluso a empresarios para que arriesgaran su vida y su fortuna".
"Pues usted ha pasado a la historia como un hábil pendolista""¡Quiá! Yo sólo me ocupaba de dejar todo limpio en la imprenta. Rompía las pruebas, limpiaba los rodillos, los cauchos" Eso era muy importante, ¿eh? Una vez estaba quemando papeles en la chimenea y se quemó el hollín. Alguien llamó a los bomberos y llegó la policía cuando estaba en plena faena [ríe con ganas al recordarlo]. ¡Menos mal que me dio tiempo a esconder los papeles chamuscados!
En 1962 conoció al Che Guevara, (LA GRAN FAMILIA IGUALITARIA) al que propuso falsificar dólares americanos a gran escala. "Rechazó el plan diciendo que Estados Unidos seguiría siendo rico hiciéramos lo que hiciéramos. El Che no me gustó, me pareció flojo", dice.
Este viejo libertario ha saltado a la fama por ser el inspirador de un golpe maestro: la falsificación de 20 millones de dólares en cheques de viaje del First National City Bank, lo que estuvo a punto de llevarle a la quiebra.
"Compré en Bruselas 30.000 francos en travellers cheques con documentación falsa. Después compré el papel para las falsificaciones. Costó imitarlos. ¡Es muy difícil llegar a la perfección! Yo daba el visto bueno, pero no fabricaba los cheques porque no sé nada de imprentero.
"¿Cómo empezaron a dar salida a esas falsificaciones? ¿Nunca se dieron cuenta los bancos?" "Éramos un montón de equipos dedicados a colocar los travellers cheques. Primero entraba yo, y si todo salía bien decía a los demás: "La sala de baño está perfecta". Era la clave. Ahí empezaba la cadena. Los de los bancos, antes de pagar, miraban en una lista para ver si la numeración figuraba entre los robados o extraviados. Al ver que no, pagaban sin problemas. ¡Ja, ja, ja! No podían estar en la lista porque llevaban la numeración de los que compré en Bruselas"
La primera oleada de cheques de viaje fraudulentos les reportó unos 300.000 francos, que sirvieron para financiar a montoneros, tupamaros y otros revolucionarios. Al poco, un ex cocinero de la cárcel de Segovia le confía a Lucio que tenía la posibilidad de vender todos los travellers cheques al 30% de su valor. ¡Menudo pelotazo! (GRAN ERROR EN EL ARTICULO)Pero después de una serie de citas con un norteamericano que estaba interesado en el negocio, el cerebro de la operación cayó en la trampa. Fue en junio de 1980 en el famoso café Les Deux Magots. Dio con sus huesos en la cárcel. "Es una falsificación de excelente calidad y por ello muy peligrosa", admitía un informe policial. Lo preocupante es que Lucio se niega a revelar dónde tenía escondidas las planchas de impresión. Y mientras este material esté ilocalizado, el banco corre el riesgo de sufrir un descalabro descomunal.
El astuto anarquista llevaba varios meses entre rejas, pero feliz al comprobar que había logrado poner contra las cuerdas al mayor banco del mundo. Sólo cumplió seis meses de presidio gracias a un acuerdo extrajudicial con el City Bank, que consiguió hacerse con las planchas de impresión a cambio de retirar los cargos y, según Lucio, abonar 50 o 60 millones de francos.
Lucio Urtubia es aventura y riesgos (animense jovenes acomodados, que necesito vender periódicos): cinco órdenes internacionales de búsqueda, incluida la CIA; un plan frustrado para secuestrar al nazi Klaus Barbie en Bolivia; la fuga del líder de los Panteras Negras; su mediación en el secuestro del diputado Javier Rupérez por ETA político-militar" "¡Bah! A los periodistas sólo os gustan estas historietas".
"¿Qué le parece la Ley de Memoria Histórica que impulsa Zapatero?" "No tenemos que olvidar lo que fue la dictadura. ¿Y esto de Fraga? ¿No dice Fraga que hay que olvidar? Fraga ya chochea. ¡Que olvide él, que tendrá remordimientos por mucho de lo que hizo!
"Yo no estoy de acuerdo con la violencia. Yo no estoy por matar a nadie. En España, con todos los inconvenientes que se quiera, hoy hay libertad", responde cuando se le pregunta por ETA. "La libertad es para mí como Dios: inexplicable".









sábado, noviembre 10, 2007

miércoles, noviembre 07, 2007

20 años. Ana Ivanovic

En el transcurso de la Primera jornada del Masters femenino de Madrid (el 5 o el 6), la serbia Ana Ivanovic cumplió su vigésimo cumpleaños. Está muy buena. Gran discurso.









lunes, noviembre 05, 2007

Blas Infante, integral


El Ayuntamiento de Casares (Málaga) ha aprobado con los votos a favor de los dos concejales del PP y los dos del PSOE la propuesta planteada por los siete ediles de IU para declarar persona no grata al eurodiputado popular Alejo Vidal-Quadras, quien hizo unas declaraciones contra Blas Infante, considerado el padre de la patria andaluza, quien nació en esta localidad.
La moción presentada por el equipo de gobierno exponía que "el pueblo de Casares no puede permanecer impasible ante el insulto y la descalificación histórica de su hijo destacado" y señalaba que no son tolerables las afirmaciones del eurodiputado en las que llamó "cretino integral y fracasado a Blas Infante" en una tertulia de radio. Yo estoy de acuerdo con Vidal-Quadras. Creo que Blas es un ingenuo-tonto como Sabino Arana, un pobre sin energia.







Real love: Peter Viertel y Deborah Kerr

Ni tres semanas ha sobrevivido Peter Viertel, el marido de Deborah Kerr (en la imagen ambos, en San Sebastián en 1967), a su esposa. El escritor y guionista de origen alemán moría a los 86 años en Marbella, donde se encontraba hospitalizado y vivía buena parte del año. La muerte de su esposa, enferma de Parkinson en los últimos años de su vida, le afectó mucho, según ha contado un amigo. Autor del guión de 'La reina de África', trabajó también con Alfred Hitchcock y Clint Eastwood.







domingo, noviembre 04, 2007

Lolo/Lorenzo estuvo malito

No fue al cole el 28/10/07, pero estudió con mamá Elena y su juego de Pipo. Papá Bernardo hizo puzzles con él al final del día.

Tarde de Halloween en Alcala de Henares

En la web, al archivar estos clips en Alcalá de Henares, veo como alguien inmortalizó a nuestro icono de juventud en el Santo Tomas: Toro Bravo. Y encima con fans en USA...

voscerote (1 week ago) hiiiiiijuela gran!!!!! no lo puedo creer! yo soy un estadounidense que asistio a la universidad un semestre alla en alcala en 2002. toro bravo me dejo meter a pintar a su lado ahi en su museo por unas semanas. hice un paisaje para regalar a mi "madre" de anfitriona alli. ese viejo hablo' puras tonterias todos los dias. pero fue un experiencis maravillosa y el cuadro no me salio tan mal. gracias, juan toro bravo por alegrarme la vida!

sábado, noviembre 03, 2007

Gordo, gordo, gordo

Dieta: código mágico (según articulo de EL PAIS)
El reto: engañar a la grelina. Es la hormona que mide la saciedad y el hambre. La dieta eficaz se ha convertido en la búsqueda del Santo Grial.
Llenos, saciados, hartos. A vueltas con la grelina, las dietas se han convertido en uno de los mayores retos en la sociedad contemporánea. Quien encuentre un fármaco eficaz que reduzca el apetito habrá conseguido algo así como un ¡eureka!, que hará a algunos privilegiados multimillonarios y a millones de personas felices en cierta medida. El apetito fue, según se lee en La verdad sobre la comida, un impulso innato que garantizaba la supervivencia cuando los alimentos escaseaban. Algo así como una señal de alarma, como el dolor nos protege muchas veces de una muerte segura. Pues ahora, en este mundo patas arriba, el apetito se ha convertido para muchas personas en un enemigo que es necesario controlar para que no nos engulla.
Mientras aparecen los fármacos milagrosos para combatirlo se imponen otras cosas. Como despistar al mecanismo y las señales que arroja una hormona como la grelina, la responsable de indicar al cerebro cuándo tenemos hambre o no. Jill Fullerton-Smith y sus chicos de la BBC la torearon a base de sopas, como se ve en la serie. Los expertos aconsejaron sustituir líquidos por sólidos a un grupo de gente y en la misma cantidad. Una nutritiva sopa de pollo y verduras les fue recetada. Cuando se tomaban los alimentos sin ser triturados, el hambre entraba antes; cuando se comían como puro líquido, la señal de saciedad duraba al menos dos horas más. "Incluso yo lo he puesto a prueba, y en un año que he tomado sopa como plato primero, sin hacer nada más, he adelgazado siete kilos", asegura la documentalista.
Hay una verdad incontestable en todo este asunto de las dietas. Los hombres aparecieron en la cadena natural para sobrevivir en un determinado ambiente. Hace 180.000 años de esto, en la sabana africana, y la dieta consistía en carnes y pescados más magros que los que consumimos ahora, pero sobre todo muchas verduras de hoja, brotes tiernos, frutas, semillas y frutos secos. Era alta en fibra y baja en niveles de colesterol. Nada de grasas saturadas ni trans, con muchas verduras frescas que proporcionaban un auténtico caudal de antioxidantes. Volvamos, pues, a la denominada dieta Evo. Fue la del principio de los tiempos y funcionaba. ¿Para qué darle más vueltas?

jueves, noviembre 01, 2007

Hingis no se dopa

La prensa tratando de vender papel. Hingis se irá de fiesta pero no se dopa. No lo necesita. Las Williams tal vez, que parecen 2 mineros galeses. Hingis tenia mas talento en un pedo que todas las rusas y Williams juntas. Nadie se ha retirado 3 años y ha vuelto con 27 tacos a ganar torneos. Nadie.
Que tiempos...






miércoles, octubre 31, 2007

Banksy captured

Bonita historia. Es un misterioso artista cuyas obras se venden por decenas de miles de libras. El secreto mejor guardado del arte británico: se desconoce su nombre y su edad.

El 'grafitero' británico más conocido ha sido sorprendido por primera vez por una cámara mientras realizaba una de sus pintadas en Londres. Sus obras, especie de bromas visuales de fuerte contenido político, se venden por decenas de miles de libras en las galerías de arte desde que se difundió que famosos como Brad Pitt y Angelina Jolie habían comprado algunas. El artista ácrata aparece —si es que realmente es él— en una fotografía publicada en varios medios británicos. Se le ve pintando la prolongación de las líneas paralelas amarillas que hay junto al bordillo de una acera londinense, para convertirlas en una flor. Junto a ésta, aparece sentado un obrero armado con un rodillo de pintura.

Esa última actuación, captada por un transeúnte con el objetivo de un teléfono móvil, podría ser una respuesta insolente al Ayuntamiento londinense de Tower Hamlets, que ha prometido borrar todas las pintadas, incluidas las de 'Banksy', que ensucian los barrios y que, según sus responsables, los vuelven más inseguros.

Un portavoz del nota no ha querido confirmar ni desmentir que el joven que aparece en la foto debajo de un andamio y dando brochazos de pintura amarilla es realmente el 'grafittero', por cuyas obras se pagan cada vez precios más altos en las subastas internacionales. La pasada semana, 10 obras suyas se adjudicaron por un total de medio millón de libras (unos 700.000 euros) en la casa de subastas Bonhams.

Según la casa de subastas, "lo más increíble del 'fenómeno Banksy' no es su ascenso meteórico ni las importantes sumas que se pagan ya por sus obras, sino el hecho de que el mismo 'establishment' al que satiriza le haya acogido entusiasmado". La identidad de 'Banksy' es el secreto mejor guardado del arte británico. Se desconoce su nombre real y su edad aunque se cree que se apellida Banks y que nació en Bristol en 1974.

Sus primeras intervenciones consistieron en producir parodias de obras de arte o antigüedades que logró colocar en museos sin que nadie en un principio las descubriera. El Museo Británico tardó varios días en percatarse de que una piedra en la que aparecía pintado un cazador de la Edad de Piedra empujando un carrito de supermercado no pertenecía a su colección sino que era en realidad una broma de 'Banksy'. En otra ocasión hizo en el festival de Glastonbury un círculo similar al monumento megalítico de Stonehenge utilizando retretes portátiles y otra vez en el parque de atracciones de Disneylandia soltó una muñeca hinchable que representaba a un preso de Guantánamo.

Entre sus parodias de obras de arte figura una versión de 'Los nenúfares', de Monet, en la que aparecen flotando en el agua un carrito de supermercado y todo tipo de basura.

Lo maldito o Celine

  • "Muchos lectores considerarán Viaje al final de la noche un libro repugnane" J.D. Adams, New York Times Book Review.
  • "Si realmente Céline pensara lo que ha escrito, se suicidaría." Jean Giono, Le Petit Marsellais.
Intento leer su mítico Viaje al fin de la noche desde hace decadas. Como El hombre sin atributos de Robert Musil o Memorias de ultratumba de François-René de Chateaubriand. Céline odia al comunismo como odia también a todas las otras religiones y credos. Está enfadado y como buen dandy quiere mirar siempre por encima, con toda su voluntad de poderío, frente a la vulgaridad de la mayoría engañada.

Silva ataca Chile

Maria, esa hija prodiga que tengo de 34, está currando en un spot en Chile. Dice que para unos 20 días. No veo sus escasas carnes desde hace un montón/meses. Paradojas freudianas de la vida. Veo su look presente cuando se planta a miles de kilómetros de Madrid. Espero que lo pase muy bien, Silviña galleguiña.

Jesse en Miami Beach's Club Mansion

Este resumen no está disponible. Haz clic en este enlace para ver la entrada.

domingo, octubre 28, 2007

Donde esta Queeny Love?


Cinco meses sin clips...:QueenyLove.

viernes, octubre 26, 2007

Visto y no visto: mañana fin del solitario











LAS MENTIRAS DEL CAMBIO CLIMÁTICO: nuevas herejias


Fragmento editado del prólogo del libro de JORGE ALCALDE LAS MENTIRAS DEL CAMBIO CLIMÁTICO, que acaba de publicar la editorial Libros Libres.
Este libro está lleno de mentiras y su autor es un fascista hijo de Bush. Lo primero es, ya se lo voy anticipando, parte de la probable respuesta que la lectura de estas páginas provocará en algunos grupos, sobre todo en los activistas del llamado ecoalarmismo. Lo segundo no es más que uno de los insultos reales que yo mismo he recibido cada vez que he hecho públicas informaciones contrarias a lo que Bjorn Lomborg llama la "letanía ecologista".
No es para quejarse. Lomborg, el ecologista escéptico, el ex dirigente de Greenpeace que hoy reniega de los postulados ecoalarmistas, fue condenado casi al ostracismo científico tras la publicación de su primer libro, en el que ponía en duda que el deterioro del medioambiente fuese un problema prioritario para la Humanidad. Tuvo que someterse a un juicio por supuesta deshonestidad científica (que, por supuesto, ganó), recibió el desaire de muchos de sus compañeros, fue amenazado, contempló cómo activistas ecologistas reventaban sus conferencias lanzándole tartas a la cara.
Otros escépticos han corrido similar suerte.
Martin Durkin, autor del documental El gran timo del calentamiento global, recibe miles de cartas ominosas, incluyendo algunas que le desean la muerte más terrible entre dolores provocados por el cáncer de colon. Docenas de científicos que critican las conclusiones del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC) padecen serias dificultades para encontrar financiación para sus proyectos y son denominados "negacionistas" por los medios y por sus compañeros. Más de una firma autorizada ha tenido que presentar su dimisión como autor del IPCC, asqueada por la deriva política de la institución, a pesar de que ello supone cercenar de pleno sus aspiraciones científicas. Todos aquellos que se han atrevido, simplemente, a sospechar que en la ciencia del cambio climático existen todavía demasiadas incertidumbres ven cómo sus trabajos son inmediatamente puestos en duda y se les acusa de investigar bajo sueldo de las grandes compañías energéticas.[...]
Es probable que las docenas de científicos que vierten sus opiniones en las páginas de este libro y los centenares que opinan como ellos estén equivocados. En cualquier caso, no merecerían el trato que se les da: sospechosos de ser radicales negacionistas, condenados a investigar por libre, aislados de los medios de comunicación, que sistemáticamente prefieren ofrecer informaciones en una sola dirección, más "ortodoxa"... Pero también es posible que no estén equivocados, o al menos que no lo estén del todo. Es posible que, simplemente, estén pagando el precio de ser escépticos en una disciplina (la ciencia sobre el calentamiento global) en la que el escepticismo está penado.[...]
Pocos asuntos científicos se han vuelto tan viscerales como el del cambio climático. Pocos mueven tales cantidades de dinero, reciben la atención de personalidades de tamaño brillo, suscitan pasiones tan cercanas a la emoción, a la causa política, a la profesión de fe. Muchos, la mayoría, de los científicos que son tachados de negacionistas ni siquiera niegan la existencia de un calentamiento global antropogénico. Pero se les condena por no poner sus cerebros al servicio de la acción política (en este caso la acción política es la defensa del
Protocolo de Kyoto, un esfuerzo global sin precedentes), por preferir la cautela o por defender que existen otras vías más eficaces para mejorar el medio ambiente.
En este entorno, la hipérbole se ha convertido en moneda de cambio. El lenguaje científico, obligadamente parsimonioso, se ha vuelto combativo: se ha polarizado, "trincherizado". Y los que debieran ser datos asépticos, refutables, objetivos, hoy se tornan venablos arrojadizos. La matemática en el mundo del clima ha dejado de ser una herramienta para convertirse en un argumento.
Pero es imprescindible separar la hipérbole de la realidad si no queremos correr el riesgo de estar cometiendo un error de proporciones históricas. Es necesario advertir que, cuando el IPCC dice que el mundo se calentará 5,8 grados en los próximos cien años, no es más que un probable escenario de las docenas de posibilidades que manejan los científicos. Que, en realidad, el IPCC se niega a realizar predicciones climáticas y nos sirve sólo modelos informáticos de toda índole basados en la cuidadosa selección de los datos de partida y, según han denunciado algunos de sus miembros, profundamente sesgados.
Es imprescindible que se sepa que en los propios informes del IPCC (el texto único en el que se basan el Protocolo de Kyoto y todo el movimiento pancontinental en torno al clima) es imposible encontrar datos que demuestren que el calentamiento global va a producir descensos en la producción de alimentos, aumentos en la frecuencia de las tormentas o huracanes, mayores prevalencias de enfermedades tropicales como la malaria, desplazamientos humanos consistentemente más graves de los que hoy provocan las hambrunas, las sequías y las guerras. Nada de esto está en los informes del IPCC, y sin embargo aparece reseñado en los medios de comunicación y en las agendas de los políticos como un mantra grabado a fuego: el calentamiento global es hoy ya culpable de todo, desde la explosión de enfermedades hasta la caída de puentes.
Convertido en la nueva bandera de acción global, el cambio climático pasa por ser el tema más "cool" de la política del siglo XXI. Situarse en las filas del ecologismo hoy no sólo nos confiere cierta pátina contestataria (contra las multinacionales, la globalización y los Estados Unidos), sino que parece profundamente solidario. Y nadie duda de las buenas intenciones de muchas organizaciones que promueven la causa ecologista bajo alguna de estas premisas. Pero el "encantamiento" generalizado ante el asunto parece impedir una visión más profunda.
Lo verdaderamente alternativo es tratar de mantener la cabeza fría y escéptica ante la ola pro cambio climático. Las verdades más incómodas son las que no coinciden con la visión ortodoxa del IPCC. Lo que ciertamente es global y multinacional, lo que está más de moda y es más políticamente correcto, es defender la teoría antropogénica del calentamiento de la Tierra. Sin embargo, lo menos progresista es defender el Protocolo de Kyoto. Nada hay más alejado de la plausible intención de solidarizarse con los países más pobres que el indolente ejercicio de mirarse el ombligo que supone el activismo ecologista. Alguien dijo que el ecologismo es un juguete con el que sólo pueden jugar los niños ricos. Quizás sea injusta la frase, pero en buena parte responde a una realidad que puede constatarse viajando: mientras Leonardo DiCaprio,
Al Gore o George Clooney se suman a la causa verde, en los países más pobres del planeta Greenpeace no puede hacer nada: allí necesitan más a Médicos sin Fronteras.
Paradójicamente, invertir las ingentes cantidades de dinero que el cumplimiento del Protocolo de Kyoto exige sólo servirá para mejorar un poco las cosas en los países más ricos. Cualquier análisis económico demuestra que será mucho más caro reducir las emisiones de CO2 que invertir en que los países del Tercer Mundo sean capaces de adaptarse a los efectos del cambio climático (si es que éste se produce). El efecto de Kyoto sobre el clima, incluso en el caso de que todos los países firmantes lo cumplan a rajatabla, será minúsculo: en el mejor de los casos, se pospondrá el aumento de las temperaturas unos seis años. Según todos los modelos macroeconómicos, la puesta en marcha del Protocolo de Kyoto costará entre 150.000 y 350.000 millones de dólares al año. Ésa es la cantidad de dinero que tendremos que pagar para "comprar" seis años de margen nada más, para conseguir que el aumento de temperaturas del peor de los escenarios del IPCC llegue en 2106 en lugar de en 2100.
Ese dinero, inevitablemente, tendrá que serle hurtado a otros proyectos de ayuda a los países menos favorecidos. Con mucho menor esfuerzo, podríamos intentar que estos países mejoraran sus infraestructuras, su sanidad, su régimen de libertades, sus recursos, y se pertrecharan de mejores herramientas para combatir los efectos del aumento de temperaturas, si se produce. Sin embargo, países como España, que a duras penas puede soñar con llegar a cumplir sus compromisos de ceder el 0,7% de su PIB a ayuda efectiva al Tercer Mundo, se embarcan en la firma de un costosísimo (y para muchos inútil) Protocolo de Kyoto (que, dicho sea de paso, tampoco va a cumplir).
Algunos datos advierten que el dinero que tendría que invertir sólo Estados Unidos para converger con los recortes de CO2 impuestos en Kyoto sería suficiente para dotar de agua salubre a todos los ciudadanos del planeta. ¿Cómo es posible, sin embargo, que el calentamiento global haya calado de tal modo en las conciencias de los políticos y los ciudadanos del mundo rico hasta convertirlo en la "mayor amenaza para Humanidad", en palabras de
Al Gore?
El propio informe del IPCC en 2001 tiene la clave: "Debemos fomentar la atención de los profesionales de los medios de comunicación sobre la necesidad de recortar las emisiones de CO2 y sobre el papel de la prensa en la divulgación de la idea de que modificar nuestros estilos de vida y aspiraciones puede ser una manera efectiva para provocar un cambio cultural a mayor escala".
El calentamiento de la Tierra, evidentemente, ha terminado por convertirse en catalizador de una idea más ambiciosa, en motor de cambio social a gran escala. Algo que ha sido entendido a la perfección por los grupos políticos de la izquierda. Es la nueva revolución silenciosa.
¿Hay algo de malo en ello? Por supuesto que no. Pero desde los ojos de un científico debería quedar claro que hemos depositado la palabra de la ciencia, la portavocía de miles de investigadores (climatólogos, paleontólogos, geólogos, físicos, químicos, informáticos, estadísticos...) que trabajan buscando una pista sobre el devenir futuro del clima, en una sola organización con una vocación de influencia política sólo parcialmente declarada.
En realidad, es imposible ya saber si los defensores de Kyoto realmente quieren combatir el calentamiento (es decir, posponerlo sólo seis años al coste antes mencionado) o tienen en su agenda otros intereses políticos más ambiciosos.
De ser así, estarían en su derecho, por supuesto. Pero quizás también estén los pensadores escépticos en el suyo de reseñar que el esfuerzo que supone un pequeño retraso en el aumento de temperaturas podría dedicarse más efectivamente a la solución de otros problemas realmente graves. O de insistir en que la acción política sin precedentes que se propone no cuenta con el cacareado consenso científico. O en reseñar las lagunas que los modelos informáticos ofrecen para predecir correctamente el clima. O en advertir que la incidencia de la variabilidad natural sobre el calentamiento está siendo poco estudiada por el IPCC. O en criticar a los medios de comunicación que sistemáticamente culpan de cualquier catástrofe meteorológica al cambio climático. O en mirar con escepticismo la "moda de lo verde"...
En este libro el lector no va a encontrar muchas respuestas. No es un libro de tesis científicas ni una propuesta de explicación de los fenómenos de la naturaleza. Es el resultado de centenares de contactos con el trabajo de docenas de expertos de todo el mundo que muestran en mayor o en menor grado su escepticismo ante los postulados del IPCC. Los hay que directamente niegan la existencia de un cambio climático. Los hay que aseguran que el cambio climático es real pero que es imposible demostrar que el culpable sea el hombre, a través de su emisión de gases de efecto invernadero. Los hay incluso que creen que efectivamente el clima está cambiando y el responsable es el ser humano, pero advierten que la acción política y científica se ha vuelto ciertamente histérica y se preocupan por el grado de sectarismo y gregarismo que envuelve al tema, que impide la correcta toma de decisiones.
Sólo hay algo que les une: son escépticos y, por lo tanto, las están pasando canutas.
Estas páginas forman parte de todo un caudal de opinión "ecológicamente incorrecta" que, a pesar de estar sólidamente respaldada por la ciencia, no encuentra apenas espacio en los medios de comunicación. (...) Si no queremos que una dictadura ecológica asfixie nuestras libertades y cercene las posibilidades que tienen los países menos desarrollados de progresar, debemos prestar más atención a los científicos y analizar muy cuidadosamente lo que divulgan ecologistas y medios de comunicación sobre el cambio climático.
En una de sus últimas obras, Les mots, Jean-Paul Sartre hace repaso de sus primeros diez años de vida y recoge sus recuerdos sobre los miembros de su familia. De su abuela dice: "Ella no creía en nada. Sólo su escepticismo le impedía ser atea"... Pues eso.
ALCALDE, director de la revista QUO y del programa de LDTV VIVE LA CIENCIA.

De pocas cosas podemos estar tan seguros como de que el clima cambia. Lo ha hecho desde que el mundo es mundo, y todo parece indicar que, nos pongamos como nos pongamos, lo seguirá haciendo del mismo y caprichoso modo que lo ha hecho siempre. Lo que no parece tan claro es que los hombres hayamos tenido algo que ver en ello: ni en el pasado ni el presente. Hay, como en todo, opiniones para todos los gustos, y los científicos se devanan los sesos para saber si nuestras acciones tienen consecuencias sobre el clima.
Pues bien, algo tan simple como esto ha organizado el mayor alboroto mediático, político y, por qué no decirlo, científico de toda la historia. En el ojo del huracán se encuentra una teoría que, gracias a un incontenible alud de propaganda bien financiada, ha pasado de ser atractiva a hegemónica y, finalmente, incontestable. Me refiero, claro está, a la del "calentamiento global", reconvertida deprisa y corriendo en la del "cambio climático" no bien se comprobó que los primeros vaticinios del Apocalipsis eran más falsos que un duro de hojalata.
Durante los últimos años podría decirse que casi no se ha hablado de otra cosa, hasta el punto de que se ha convertido en un tema repetido al modo de una larga y agónica letanía, cada vez más estridente y molesta. Pocas veces la sección de Ciencia ha copado tantas portadas, y nunca antes los científicos habían ejercido tanto de estrellas invitadas en debates, tertulias y entrevistas. Los medios de comunicación, fieles a la vieja máxima periodística de no permitir que la realidad estropee una buena historia, se han volcado con un asunto que, para el común de los mortales, es tan árido como el desierto de Atacama y tan desconocido como la cara oculta de la Luna. Quizá ahí resida el origen de la pesadez de los ecoloplastas, de su obsesión por tatuarnos en la frente la teoría oficial, que es la suya, claro.
Una década después de que los catequistas pelmas del calentamiento global empezasen a darnos la paliza, sabemos mucho más que antes, pero, curiosamente, no nos ha servido de nada, porque el debate ha quedado formalmente abolido. Los científicos que ejercieron de tales, es decir, los que en buena lid trataron de falsar la teoría, han sido tachados de discrepantes, disidentes y, en el recolmo de la perfidia totalitaria, de
negacionistas (sic), como si refutar una teoría científica fuese lo mismo que decir que los horrores de Auschwitz o Mauthausen fueron en realidad una fabulación de los aliados.
Lo que le da vida a la ciencia es la discusión. Una teoría es válida hasta que alguien demuestra que es mentira; entretanto, se debate y debate. No hay dogmas, no hay verdades absolutas, no hay consenso. Ni apaños de última hora. Así avanza el conocimiento científico y, con él, la Humanidad. Algo tan elemental, al alcance de cualquier estudiante de Física de primer curso, parece no regir cuando se habla del calentamiento global: por eso estamos como estamos.
Con la ciencia transmutada en política y el debate en componenda, nadie, o casi, ha osado nadar contracorriente. Pocas y desconocidas voces se han levantado contra la tiranía del ecologismo radical, el de griterío, pancarta y pegatina, primo hermano del ambientalismo chic importado de Hollywood, que baña sus angustias climáticas en champán del bueno y que bajo ningún concepto consiente dejar el jet privado en el hangar del aeropuerto. Algunas, las más, en EEUU; otras, las menos, en Europa, rincón del globo donde siempre se está muy al quite del dinerito público que todo lo riega.
Por lo que hace a España, sólo unos pocos valientes han dicho esta boca es mía, a riesgo de que se la intenten cerrar de un guantazo. Es posible que por eso digan que somos el país europeo más concienciado con el cambio climático. Pero no, no se trata de eso: lo que pasa es que no hemos oído otra cosa.
De entre los valientes que dicen lo que piensan sin arrugarse y sin pedir perdón hay uno que lleva varios años poniendo en tela de juicio todo lo que se da por sentado en torno al cambio climático. Y claro, de tanto investigar, al final le ha terminado saliendo un libro. Excelente, por cierto. Hablamos de
Jorge Alcalde, de profesión periodista y de vocación amigo de llamar a las cosas por su nombre. Por eso ha puesto Las mentiras del cambio climático a su criatura, que, de bien escrita que está, engancha más que la muy recomendable novela de Crichton sobre el ecoterror: Estado de miedo.
En un ejercicio de honestidad brutal, poco frecuente en estos tiempos de medias verdades y corrección política, Alcalde desgrana uno a uno todos los mitos que han impuesto los ecologistas: ¿Es cierto que la Tierra se calienta? Y, si es que sí, ¿por qué? ¿Qué hay detrás de toda la parafernalia ambientalista? ¿Qué es el IPCC, para qué sirve, qué ha dado de sí? ¿Por qué el ecologismo entusiasma tanto a millonarios como
Al Gore o Leonardo DiCaprio y tan poco a los desposeídos del Tercer Mundo? ¿Cuánto va a costar la broma de Kioto? ¿En qué podríamos emplear todo ese dinero?
Dando voz a los que hasta ahora no la tenían, Jorge Alcalde no deja un cabo suelto y abre un interesante debate sobre el clima, debate que los ecologistas eluden como alma que lleva el diablo. Las mentiras... es, por lo tanto, una obra necesaria, y llega justo en el momento en que el cambio climático está pasando a ser un artículo de fe, algo parecido a una verdad revelada. Sus defensores andan exigiendo a todo el mundo obediencia ciega, y tachan de herejes a quienes no están por la labor.
Ante semejante disyuntiva, Alcalde se queda con los segundos: quizá no sea lo más ecológicamente correcto, pero es sin duda lo más ecológicamente científico.
JORGE ALCALDE:
LAS MENTIRAS DEL CAMBIO CLIMÁTICO. Libros Libres (Madrid), 2007, 210 páginas. Pinche aquí para acceder a la web de FERNANDO DÍAZ VILLANUEVA.

miércoles, octubre 24, 2007