Sunday, December 04, 2011
Thursday, December 01, 2011
Monday, June 20, 2011
La herida de Spinoza
La vida entera de muchos ensayistas transcurre sin dar jamás con un tema. Este ensayo no sólo se topa con un tema, sino que incluso se da el lujo de aprovecharlo. El tema es la felicidad. Sin embargo, La herida de Spinoza es un libro de filosofía, no de autoayuda. Parte de algunas conclusiones recientes de la neurología, en particular de las investigaciones de Antonio Damasio acerca de la impertinencia de la secular división entre mente y cuerpo. El propio Damasio vincula sus investigaciones con las ideas que Spinoza expuso en su Ética. Para Damasio, la tranquila aceptación de la muerte, una de las señas de identidad de la ética de Spinoza –de hecho, la «herida» de Spinoza–, resulta «irritante». Ese comentario de Damasio parece inocuo, pero para Vicente Serrano no lo es, sino que apunta a una especie de «desajuste», a una extraña incomprensión de la diferencia última de la ética spinozista. A partir de ahí el autor no se propone criticar solamente esa y otras lecturas de Spinoza, sino que plantea además una amplia crítica a la modernidad, y también a la posmodernidad. La herida de Spinoza se convierte entonces en una revisión de la historia entera de la filosofía en esa zona en que ética y metafísica (u ontología) se superponen. Aunque el proyecto parece apabullante, el autor se asegura de estar bien equipado. Por una parte suprime el aparato académico, lo que le permite ser más breve y directo, y por otra echa mano de una erudición notable y, sobre todo, de una capacidad absolutamente inusual de explicación. Si hubiera que buscar parangones a esa capacidad, no quedaría más remedio que acudir a Rüdiger Safranski. El autor, sin embargo, no hace biografías, ni siquiera historia de la filosofía como tal, sino que intenta filosofar de la mano de los más grandes pensadores de la historia. El ensayo se completa con la inclusión de una pieza maestra: los afectos. Los afectos serían la respuesta posible de la filosofía al problema de la biopolítica. La progresión de la modernidad no sólo implica la desaparición de la naturaleza, sino la sustitución absoluta de los afectos por la voluntad (de voluntad). Si la vuelta a la naturaleza es imposible, e incluso indeseable –dado que la naturaleza no fue nunca más que una metáfora–, Serrano se inspira en Foucault para proponer una «vuelta» a los afectos como la pieza fundamental que cierra la reexión sobre el poder.
Monday, June 13, 2011
Spiral Dynamics
Ever heard of “Spiral Dynamics”? Here’s the quick overview: People and cultures go through different stages of development. The Spiral guys like to color-code them to make it easier to keep track. It goes something like this:
RED. Think: Terrible twos. I’ll blow you up if you piss me off. (Yikes!)
BLUE. Think: Ten Commandments. Fundamentalist anything. Rules are paramount. Literal interpretations of the Bible are absolutely correct.
ORANGE. Think: Wall Street. Academia. Science and ambition are key here.
GREEN. Think: Environmentalism. Pluralism. All is one. Non-violent.
So, the idea is that we evolve through these stages of development. All of those stages above are part of what they call the “first tier.” Here’s the funny thing about those perspectives: they’re all convinced they’re *100%* right. It’s a big food fight.
GREEN looks at ORANGE and says, “You greedy capitalists!!! You’re good for nothing and totally destroying our planet! And, my non-violent self HATES you!”
ORANGE looks at GREEN and says, “You tree-hugging, New Agey hippies!! Get a job and contribute to the economy, will ya?!? And quit gazing at those crystals.”
BLUE looks at everyone and says, “You’re all going to hell because you don’t believe in [insert favorite God here]!!”
RED looks at everyone and says, “You don’t agree with me? Fine. I’m blowin’ you up.”
Everything is “either, or.” No one can see the validity of the other perspectives. Not so good. The ideal? Let’s consciously evolve as individuals and as a culture to a “second-tier” level of consciousness. Here, for the first time, we can hold multiple perspectives. We can see that, in Ken Wilber’s words: “No one is smart enough to be 100% wrong.” :)
What’s that look like? Well, we can see the truth in the need to take care of our environment AND the need for a powerful economy AND the need for rules and regulations AND the need to take aggressive action when the situation demands it.
Every stage has a PARTIAL truth. To embrace the whole we need to transcend AND include and start saying “yes, and...” a lot more than “either, or...” Powerful schtuff.
Monday, June 06, 2011
Thursday, June 02, 2011
Leonard Cohen
Parece una persona corriente. No es una estrella. Tiene algo de Clint Eastwood (lo tierno) y de Patti Smith (lo duro). Aires de filósoso francés postmoderno. Da la impresión de estar permanentemente roto. Escribe. Básicamente, escribe. El qué es lo de menos. Empezó por la poesía, como los héroes: Comparemos mitologías nació 22 años después que él, en 1956. Luego vinieron ocho o doce más: no es sencillo contar sus versos. Los hay bastante ortodoxos, casi normales, a pesar de llamarse Flores para Hitler (1964) o La energía de los esclavos (1972). Otros son más elusivos, al interactuar con las artes visuales (Libro del anhelo, 2006) o con la música. De hecho, su mejor poema es una canción. En Hallelujahcoinciden todos los hombres que él es: el poeta, el profeta, el rapsoda, el hombre que eclipsó a Handel.
El místico. Su escritura es siempre palimpsesto de la Escritura: inmersión en el imaginario universal, no importa el credo, judío, cristiano, budista, todos, uno. Concibe la creación como la Creación: si los pitagóricos creían que la materia era numérica, si Yahvé inventó el mundo diciéndolo, él forja lo humano cantándolo, con o sin música. Para entender cuál es su religión, lo mejor es leer a Whitman. También su fe es el hombre.
Cada poema, un templo. La construcción de su poesía se basa en las ruinas: es un discurso inacabado, siempre derrumbado. Las palabras esconden más de lo que comunican, abriendo monstruosos abismos en el texto y en nuestra mente. Surgen voces de no se sabe dónde, hombres y mujeres entran y salen de escena sin razón aparente, la narración es un silencio sólo aliviado por las vigas maestras, los puntos de anclaje: las ideas. Para contar la Historia, hay que callar la historia.
Se considera un redactor de salmos, oraciones, apocalipsis. No es poeta para agradar, entretener, ser mediático. Es poeta porque puede. Asume que (como dice Spiderman) un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Evita manipularnos mostrándonos las piezas, no el puzzle. En sus versos se exhiben trozos de vida, pedazos de mundo, tragedias shakespearianas interrumpidas por anuncios de la tele. Leerle es un proceso de reconstrucción perpetua. Las combinaciones posibles se miden en cifras borgesianas: somos absolutamente libres de interpretarle o malinterpretarle a nuestro antojo. No podemos equivocarnos. Su complejidad nos salva de nuestra simpleza.
Es un mito. Un ídolo. No tiene edad (77 años). No tiene patria (Canadá). Parece impermeable a su propia inmortalidad. Enseña que la poesía se escribe en vinilo, se escucha en el iPod. Nos ha redimido para siempre de nuestra manía de distinguir entre literatura y no literatura, ficción y realidad. Si uno pasa demasiado tiempo leyendo su poesía, acaba por sentirse un personaje, una voz de su poesía. Y al cerrar el libro y salir a la calle y disponerse a vivir, se da cuenta de que el libro sigue ahí, en la calle, en la vida, abierto de par en par.
En España acaban de darle un premio.
Es Leonard Cohen.
Las sumisiones voluntarias de Gabriel Albiac
Maquiavelo y Guicciardini, como una buena parte de los políticos de su generación, admiran a Savonarola. La dimensión del personaje es grandiosa, y en estos analistas del siglo XVI florentino prima una virtud intelectual envidiable: el absoluto equilibrio, la absoluta magnanimidad con la que buscan analizar los hechos. Savonarola era un personaje grandioso, culto, inteligente y moralmente impecable; fue catastrófico por ser grande, culto, inteligente y moralmente impecable; lo que es lo mismo, por tener la capacidad de poner en marcha algo que en sí mismo sólo puede producir catástrofe: la idea, delirante, de la posición hegemónica de la teología en política. Es la lección que todos los de la generación maquiaveliana han extraído de esos años de Savonarola, sin que ello implique la menor degradación del personaje. Si ustedes leen lo que Maquiavelo escribe sobre Savonarola, en la "Correspondencia" o en la "Historia de Florencia", la línea conductora es nítida: un gran personaje; fatídico. Si ustedes leen lo que escribe Guicciardini sobre Savonarola, en la "Historia florentina" o en "La historia de Italia", lo es en la misma medida: Savoranola aparece allí como el más brillante de los hombres de su tiempo; fatídico. Pues bien, lo que todos ellos han aprendido de esa historia de santidad desastrosa es esto: nunca más, bajo ningún concepto, la intervención de la teología en política. Nunca más, bajo ningún concepto, la proyección de modelos moralizantes sobre la política. Nunca más, la santidad en la Señoría. Nunca más, bajo ningún concepto, la utopía del reino de Dios sobre la tierra. La santidad, en política, sólo acarrea muerte.
Escribirá Spinoza que quien domina por la fuerza ejerce un dominio precario, limitado, y que puede en algún momento quebrar. El dominio por la esperanza es, por el contrario, un dominio casi invulnerable, porque lo que consigue es la identificación del siervo con el amo, y la identificación de cada una de sus expectativas con las expectativas del amo. (Pág. 52).
GABRIEL ALBIAC: SUMISIONES VOLUNTARIAS. LA INVENCIÓN DEL SUJETO POLÍTICO. Tecnos (Madrid), 2011, 285 págs. Edición a cargo de Alberto Mira Almodóvar.

